21 de marzo de 2021

Poesía necesaria

 


El año pasado por estas fechas todos los españoles estábamos confinados. Pensábamos que en 15 días, un mes a lo sumo, la pesadilla que nos rodeaba aún con bastante distancia habría terminado. Apenas una semana después de comenzar el confinamiento celebrábamos a pesar del encierro  el "Día de la Poesía" En esos primeros días terribles nos sentíamos, sin embargo, fuertes, unidos y unidas. Empatía. Solidaridad. Esperanza. Nuestro mundo se desmoronaba y a pesar de ello nos sentíamos con ganas de celebrar algo. “Poesía al aire” fue un proyecto maravilloso de los muchos que desarrollamos durante esos meses y que nos ayudaron a sobrellevar aquel aislamiento difícil y angustioso que duró mucho más de lo esperado. Sacamos los versos a las ventanas. En la ventana de mi estudio pegué tres poemas: uno de Baudelaire, otro de Germán y uno mío. Aún permanece en su sitio el de Germán, genial, que para eso es insigne.

    Ahora no estamos confinados. Bueno, lo estamos a trozos. Yo he vivido un encierro mucho más duro que el del año pasado. Pero ya pasó y vuelve a celebrarse el “Día de la poesía”. Un año. Todo lo que se ha perdido… y siento que hemos aprendido muy poco. Falta lo que nos unió al principio. La crispación, el egoísmo, el cansancio dominan en una sociedad en la que la poesía no parece tener hueco.

    Pero no. Hoy, más que nunca, necesitamos cosas “inútiles”. Arte, Filosofía, Poesía… Poesía que nos salve del cansancio, de la mediocridad y del odio. Poesía que nos haga más humanos. Poesía que nos permita romper límites, perímetros y prohibiciones. Poesía que nos cure como un bálsamo las heridas de este año largo. Y si no nos cura, al menos que nos calme. Poesía que nos devuelva la libertad y la esperanza. Poesía que nos mueva, nos conmueva, nos haga sentir y mirar al otro como si fuera otro yo y no un enemigo. Poesía necesaria como el aire que exigimos trece veces por minuto. Necesaria como el aire. Necesaria como el aire…

    Compartamos aquí un poco de esa poesía. Es raro tener un único poema favorito. Depende del momento de la vida unos versos nos tocan más que otros. Yo voy a elegir hoy unos de Machado, dedicados a su padre. Porque sí. Porque ayer eché mucho de menos a mi padre. Y os pido que en los comentarios compartáis esos versos especiales que seguramente atesoréis. En cualquier lengua, de cualquier tema, sin leyes ni restricciones. Será hermoso leer lo que os conmueve. Y tal vez, al menos hoy, volvamos a sentir aquella fuerza, aquel sentimiento de unidad que jamás debimos perder.

Esta luz de Sevilla... Es el palacio
donde nací, con su rumor de fuente.
Mi padre, en su despacho. —La alta frente,
la breve mosca, y el bigote lacio—.
Mi padre, aun joven. Lee, escribe, hojea
sus libros y medita. Se levanta ;
va hacia la puerta del jardín. Pasea.
A veces habla solo, a veces canta.
Sus grandes ojos de mirar inquieto
ahora vagar parecen, sin objeto
donde puedan posar, en el vacío.
Ya escapan de su ayer a su mañana ;
ya miran en el tiempo, ¡padre mío !,
piadosamente mi cabeza cana.

(Antonio Machado, Nuevas Canciones)

 

11 de enero de 2021

Una flor


“Una flor” es un poemario del Premio Nadal 2018. Dentro de su prolífica obra literaria, periodística y como traductor Alejandro Palomas nos sorprende con esta edición cuidada de Letraversal, con huellas artísticas diversas al incluir anotaciones de propio puño y letra así como bodegones e ilustraciones del mismo autor que recrean un universo poético floral de esta obra. El poemario es un perfecto eco de un alma atribulada que del dolor reverdece una palabra que busca la verdad en la poesía y rastrea los diferentes niveles de conciencia del yo poético que alcanza a los del lector con intensa reverberación. La estructura del poemario es muy semántica en su distribución y título: hay una introducción de la función del poema, la cual pareciera una poética del siglo XXI a partir de un ejercicio introspectivo del artista en su relación con la palabra y su propio ser. Su estilística se resume ya en el primer poema: “La respuesta”:

                               “Importa sobre todo lo que no fuimos.

                               Lo que no escribimos.

                               La palabra que no encontramos.

                               El espacio.

                               Importa el espacio.

                               Importa el pequeño.

                               Importa el aire que separa una sílaba de la anterior.

 

El ritmo y la música sostienen el esqueleto de esta poesía prosística, conceptual, llena de ritmo, de evocaciones, imágenes y sugerencias. La dialogía de los dos primeros capítulos tiene gran fuerza y explora el proceso de creación con franqueza, con desnudez insultante, con mucha verdad poética, con sensación de experiencia creativa muy consciente. Las moradas del universo poético del creador asoman con chiaroscuro existencial, con amargura latente, con nostalgia que la flor desvanece por su luz, la cual es finita. El apunte de la flor, el poeta, la verdad y el quejido abstraen el mundo de este gran poeta.

Una ventana de aire fresco a un mundo literario tan evocador como críptico.

Juan Manuel González Canales, miembro del equipo de Lectura y Biblioteca