He llegado al IES Juan
de Mairena desde muy cerca porque... ha cambiado el viento. Me siento bien
aquí. Agradezco la labor de Hipólito, que ha abierto y mantiene activo este
blog intentando lo que todos los que amamos los libros deseamos: que también
les gusten a los demás. Tenemos pocos argumentos. Cuando alguien siente un
placer natural por algo, resulta extraño comprobar que hay personas que no lo
sienten. Leer un libro, especialmente en momentos como esta tarde lluviosa que
apunta al otoño, es un gustazo. Si tienes un gato a los pies y una onza de
chocolate derritiéndose en la boca, no digo más... Claro que estoy
hablando de mí.
Y por eso le agradezco a mi
compañero, a mi amigo Hipólito su dedicación. También me gustaría compartir con
vosotros lecturas, reflexiones, novedades, críticas y bromas, si llega la
ocasión.
Y hoy lo que quiero comentar
es que creo que, en parte, estoy bien aquí porque flota de alguna manera el
espíritu de un poeta al que admiro y siento muy cerca, Antonio Machado.
¿Sabéis lo que significa el
nombre de vuestro (ahora también un poco mío) instituto? Juan de Mairena es
el nombre de una obra de Machado. En él, Machado, mediante su heterónimo Juan
de Mairena, se nos presenta como un profesor de gimnasia, poética y
retórica que se dirige a los alumnos y les enseña, a través de conversaciones,
nociones sobre poesía, teatro, filosofía, política, moral... Más que enseñar
invita a aprender. Es una especie de maestro natural.
Reconozco que es un libro que a algunos les puede parecer denso. Pero tiene
pasajes que deberían estar pegados en las aulas junto a las normas de convivencia.
Tal vez, si todos hubiéramos sido educados por maestros como Juan de Mairena,
no necesitaríamos las pegatinas de las normas de convivencia...
Os dejo uno de ellos. Espero
que lo leáis y, si os apetece, comentéis lo que os sugiere.
“La
política, señores -sigue hablando Mairena-, es una actividad importantísima… Yo
no os aconsejaré nunca el apoliticismo, sino, en último término, el desdeño de
la política mala que hacen trepadores y cucañistas, sin otro propósito que el
de obtener ganancia y colocar parientes. Vosotros debéis hacer política, aunque
otra cosa os digan los que pretenden hacerla sin vosotros, y, naturalmente,
contra vosotros. Sólo me atrevo a aconsejaros que la hagáis a cara descubierta;
en el peor caso con máscara política, sin disfraz de otra cosa; por ejemplo: de
literatura, de filosofía, de religión. Porque de otro modo contribuiréis a
degradar actividades tan excelentes, por lo menos, como la política, y a
enturbiar la política de tal suerte que ya no podamos nunca entendernos.
Y a quien os eche en cara vuestros pocos años bien podéis responderle que la
política no ha de ser, necesariamente, cosa de viejos. Hay movimientos políticos
que tienen su punto de arranque en una justificada rebelión de menores contra
la inepcia de los sedicentes padres de la patria. Esta política, vista desde el
barullo juvenil, puede parecer demasiado revolucionaria, siendo, en el fondo,
perfectamente conservadora. Hasta las madres -¿hay algo más conservador que una
madre?- pudieran aconsejarla con estas o parecidas palabras: “Toma el volante,
niño, porque estoy viendo que tu papá nos va a estrellar a todos -de una vez-
en la cuneta del camino”.
Cuánto me alegro, de verdad,
de que este centro tenga un nombre tan digno y tan honesto en tiempos en los que
estos valores no están de moda.
Leonor.