19 de febrero de 2014

Nuevos ejemplares de Saramago en la biblioteca

  La biblioteca ha recibido la donación de cuatro interesantes obras del escritor portugués y premio Nobel de Literatura José Saramago. Se trata de  Todos los nombres (1997); La caverna (2000);  El hombre duplicado (2002); y  Las intermitencias de la muerte (2005).



 Todos los nombres  (1997) es el relato de aventuras de un José “sin nombre”, aunque el suyo sea el único que figure en la historia. Don José comienza cultivando la afición inocente de coleccionar noticias sobre personas famosas. Pero, para otorgarles fiabilidad, decide completarlas con los documentos del Registro Civil donde trabaja. Ello lo obliga a cometer infracciones al reglamento y a protagonizar aventuras de las que nunca se había creído capaz. Una  verdadera invitación a la rebelión individual contra la opresión de las autoridades.


En La caverna (2000), Saramago recrea el mito de Platón en un centro comercial, símbolo inequívoco de un mundo creciente frente a otro en extinción. Una familia de artesanos ve cómo  su trabajo ha dejado de ser necesario para el mundo. Saramago afirma que "en los centros comerciales, los estadios y las discotecas es donde las personas aprenden las normas de vida y todos esos lugares son cavernas cerradas".


 El hombre duplicado (2002) narra la historia de Tertuliano Máximo Afonso, un profesor de historia en una escuela secundaria. Mientras ve una película que le recomendó el profesor de matemáticas de la escuela, Tertuliano descubre un actor que es su copia idéntica.  La búsqueda de Tertuliano por su doble y los eventos que se dan después de que ambos se encuentran se convierte en un relato de intriga que el autor utiliza para introducirnos en las profundidades del alma y preguntarnos por  nuestra verdadera identidad.

 Las intermitencias de la muerte (2005) plantea el "problema" de la inmortalidad. En un país cuyo nombre no será mencionado se produce algo nunca visto desde el principio del mundo: la muerte decide suspender su trabajo letal, la gente deja de morir. La euforia colectiva se desata, pero muy pronto dará paso a la desesperación y al caos: el hecho de que las personas ya no mueran no significa que el tiempo haya parado; el destino de los humanos será una vejez eterna.



1 comentario:

  1. Pues gracias al alma generosa que los ha donado porque son cuatro obras geniales. Inolvidable el pasaje de "Las intermitencias de la muerte" en que la muerte mira al violinista dormido...

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